En 1984, uno de los personajes de la película “Sesión continua” de José Luis Garci, creo recordar que el interpretado por Adolfo Marsillach, maldice a Franco y al franquismo por haber hecho, a toda una generación de españoles, odiar los boleros.

Yo diría que fue mucho más de una generación y mucho más que los boleros. Prácticamente todos los españoles que iniciaron su adolescencia a partir del nacimiento del rock, tuvieron que soportar que las radios, por no hablar de la Televisión Española, programaran únicamente boleros, coplas, mambos… Nada de Little Richard, Jerry Lee Lewis, Rolling Stones y todos aquellos “degenerados”. Como mucho, algo de Elvis Presley o de The Beatles. Pero incluso eso de la forma más almibarada posible. Así es que es normal que los nacidos a partir de 1940 quisieran escuchar algo que no fuera Antonio Machín, Concha Piquer, Peret o Lola Flores.

Y eso hizo que despreciáramos una música que no era lo que imaginábamos. Y que luego, algunos, trataramos de recuperarla e incorporarla a nuestra memoria sentimental.

Es cierto que muchas de aquellas canciones tenían un contenido claramente machista. Es cierto que algunas eran insoportablemente superficiales. Pero… También es cierto que algunas veces, solo algunas, se ha llegado a considerar machista lo que únicamente es exageración poética. Si una cantante dice “Te quiero más que a mis ojos” ¿lo dice de verdad? ¿Hablaba en serio Gustavo Adolfo Becquer cuando escribió “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!” Pues seguramente no. Es solo una forma de decir “Te quiero mucho” o “podría renunciar a muchas cosas para conseguir que tú quisieras besarme” Pero ¿se imaginan una canción  o un poema que dijeran eso?

A veces nos engañamos y nos mantenemos en una relación que, sin ser violenta, sí es tóxica. ¿Deberíamos dejarla? Sí, por supuesto, pero la mantenemos porque pese a todo conservamos la esperanza. ¿Es eso machista? No lo creo. Lo que acaba de leer vale lo mismo para una mujer que se aferra a un hombre que no le conviene (por muchas razones posibles) que para un hombre que no quiere separarse de una mujer que no es la buena elección (por otras tantas razones posibles).

Los protagonistas de la canción que suena de fondo pueden ser un hombre y una mujer, una mujer y un hombre, dos mujeres o dos hombres. Lo mismo da. Uno de ellos se niega a comprender que el otro no le conviene. ¿Le ha pasado alguna vez?

PS. Hay muchísimas versiones de esta canción del trío Quintero, León y Quiroga. Desde la de Juanita Reina hasta la de Marta Sánchez. Desde Concha Piquer hasta Pasión Vega (la de “María se bebe las calles” todo un himno contra la violencia de género). He elegido la que suena de fondo por dos motivos. El primero porque Rozalén está, creo yo, libre de sospecha de comportamientos machistas. La segunda, porque la mujer que la acompaña, Angelita de Letur, su señora madre, tiene una voz que me pone la piel de gallina.

PS2. La foto que acompaña a esta entrada es de mi padres, Rafael y Angelita, poco después de nacer yo. ¿Qué puedo decir? ¿Hay alguna forma mejor de ilustrar esta entrada homenaje a la música de  mi infancia?

© J. Ignacio Sendón. Alicante, 1 de enero de 2019