Pachanga

Imagínese usted una orquesta en la que un excelente pianista se ve obligado a tocar el trombón, a un virtuoso del violín lo ponen al frente de la percusión y al clarinetista le piden que toque las castañuelas.

Y esto no es porque falten especialistas de trombón, percusión o castañuelas. No. Es para ayudar al público a una transición suave desde «Los conciertos de Brandeburgo» de Bach a la «Rhapsody in Blue» de Gershwin. 

¿Tiene sentido? No mucho ¿verdad?

Bueno, pues algo así ocurrirá el curso 2020-21 en los grupos de 1º de ESO de todos los IES de la Comunidad Valenciana. Profesores de Geografía e Historia darán clase de Lengua y Literatura Castellana. Los de Tecnología impartirán Biología y Geología y estos darán Matemáticas. 

¿Cómo lo ve? ¿Le cuesta digerirlo? Déjeme que le explique.

El curso próximo, algunas materias troncales (y otras que no lo son) de 1º de ESO se agruparán en Ámbitos de Conocimiento. Un Ámbito Científico-Tecnológico y otro Socio-Lingüístico. Aunque puede haber ligeras variaciones, el primero englobará las materias de Matemáticas, Tecnología y Biología y Geología. El segundo las de Lengua Castellana y Literatura, Valencià: Llengua i Literatura y Geografía e Historia.

Eso ya se ha hecho, pero con alumnos que presentan dificultades notables de aprendizaje. Se trataba de que un solo profesor estuviera varias horas a la semana con los mismos alumnos, que los tutorizara, que les diera una capa de conocimientos, pero, sobre todo, que los llevara de la mano en la transición a cursos más específicos y menos académicos. 

Sin embargo, el próximo curso se hará con todos los alumnos. Si con unos pocos sale bien ¿por qué no con todos? Pues porque no todos los alumnos necesitan lo mismo.

Un profesor de Secundaria es especialista en una materia. Yo soy químico. En mi carrera universitaria estudié también Física. Preparé una oposición con temas de Física y Química. Y luego, a lo largo de mi carrera profesional, he leído, he hecho cursos, he experimentado sobre ambas materias. No tengo de Biología, Geología o Tecnología más que un ligerísimo barniz de cultura general. No soy especialista. ¿Puedo explicar en clase la diferencia entre un coronavirus y un retrovirus? ¡Claro que sí! Para eso está wikipedia. Me lo leo y se lo cuento a mis alumnos, pero cuando alguno especialmente curioso me haga una pregunta cuya respuesta no esté en wikipedia ¿qué le contestaré? ¿Que eso ya lo aprenderá cuando sea mayor?

Los alumnos de 1º de ESO tienen una curiosidad infinita. Los profesores especialistas pueden satisfacerla. Pero el ansia de saber es justo lo contrario del hambre. Cuando se contesta una pregunta, surgen tres. Cuanto más se sabe, más se quiere saber. En cambio, si no le damos al alumno lo que quiere, pronto perderá el interés y dejará de quererlo.

Y eso será lo que pase el curso que viene cuando un alumno plantee una pregunta y su profesor no sepa contestarla. Parece que las mentes pensantes de Conselleria creen que para dar clase a alumnos sedientos de conocimiento basta con leer lo que dicen los manuales, aprendérselo y repetirlo en clase. Bueno, pues no es así. Los profesores, los buenos profesores, tienen un poso de conocimientos que les permite establecer relaciones, usar ejemplos, conectar con la vida real. Yo puedo hacerlo con la Física y la Química, pero no me saquen de ahí. No me pregunten por tipos de materiales, por Genética o por placas tectónicas porque solo sé lo que estudié en bachillerato y no llegó a interesarme. Tal vez porque a mis profesores tampoco pareció interesarles demasiado.

Bueno, pero los profesores pueden y  deben estar al día ¿no? ¡Claro que sí! Un violinista tratará de saber todo lo que se pueda saber sobre su instrumento, pero ¿cómo podría ponerse al día en percusión si al percusionista le ha llevado una vida saber lo que sabe de su instrumento?

¿Pondría usted a un cardiólogo a operar a un paciente de cataratas? Bueno, después de todo es médico, no le costará tanto aprender ¿no? Pues no. Está claro que no.

Y es que detrás de esta decisión se esconden dos planteamientos peligrosos.

El primero es que hay que dar a todos los alumnos lo mismo. Y puestos a igualar, ofrezcamos lo que necesita el más débil de la cadena. No importa que por el camino perdamos a alumnos que podrían haber llegado más lejos si se hubiera estimulado su curiosidad.

Si en lugar de eso diéramos a cada uno lo que necesita y le satisface, obtendríamos de cada alumno lo mejor que pudiera darnos. Pero no, es mejor el café para todos. 

Y por otro lado, está la permanente falta de respeto de las autoridades educativas a los profesores. Hace poco la ministra Celaá dando las gracias a las editoriales y a la televisión por haber mantenido la educación cuando las escuelas cerraron. ¿Cuándo cerraron las escuelas? Los edificios cerraron sus puertas, pero los profesores seguimos dando clase. Pero la ministra parece ignorar eso.

Y ahora esto. Los profesores están tan mal formados que lo mismo da que impartan Arte que Música. Física que Educación Física. Economía que Religión. Total, no saben nada de nada.

Pues no es verdad. Los profesores llevamos años abriendo las mentes de todos aquellos que nos han querido escuchar. Ahora, esos buenos alumnos, los que quieren escuchar a Mozart y Debussy tendrán que soportar pachanga impartida por los mismos que antes ejecutaban virtuosamente piezas de Liszt o Brhams. ¡Qué lástima!

Y, permítanme que sea un poquito crítico con los padres. Muchísimos hay que, ni lo saben, ni les importa. Con tal de que sus hijos estén guardados en el instituto, qué más da lo que allí aprendan.

Pues da. Y mucho. Así es que espabilen. Son sus hijos. Son el futuro. ¡Defiéndanlos!

© J. Ignacio Sendón. Alicante, 7 de julio de 2020