Inicio (¿De qué va todo esto?)

Soy una persona impaciente. Seguro que sabría ser paciente, pero elijo la impaciencia. Probablemente, por eso escribo relatos cortos. Necesito llegar cuanto antes a los lectores. Aunque los lectores, la mayor parte de las veces, seamos mis allegados y yo.

Algunos bienintencionados compañeros y amigos me han propuesto, entre bromas y veras, escribir un libro sobre lo que he vivido en la enseñanza. Ya sabe: «¡Anda que no tendrás tú cosas que contar! Deberías escribir un libro». Y es cierto: tengo muchas cosas que contar. Pero he comprendido que no en un libro. Eso me podría llevar años. Y yo quiero contarlo todo ya. Antes de que una neblina de olvido cubra hechos, lugares y personajes de historias que comenzaron a suceder hace treinta y cinco años.

En ese tiempo, he sido profesor en once centros educativos. Uno privado y diez públicos. En dos Comunidades Autónomas diferentes y en nueve ciudades distintas. De menos a más, he sido director, vicedirector, jefe de estudios, jefe de departamento y tutor. He conocido personas maravillosas y otras miserables. He hecho amigos y también algún enemigo. En mis clases, he llorado amargamente y me he reído a carcajadas. Han sido siempre mis alumnos los que me han hecho llorar. Reírme, me he reído con ellos y con sus padres, con algunos inspectores y, sobre todo, con mis compañeros. Con mis amigos. He sido testigo de la vida, pero también de la muerte. 

Nada distinto a lo que le ocurre cada día a fontaneros, abogados, médicos, tenderos, periodistas, peristas, diputados… La única diferencia, por lo único por lo que merece la pena contar todas estas cosas, es porque me han pasado, –y le siguen pasando a otros– con sus hijos. Y de todo ello, ustedes no saben nada. Seguramente porque prefieren no saber. Pero, hágame caso: es mejor conocer la verdad. Déjeme que se la cuente poco a poco. Sea paciente, ya que yo no lo soy.

Dos cosas más. Llevo ya varios blogs a mis espaldas. En todos ellos, he aprovechado siempre para incluir canciones y fotografías. Las primeras, elegidas por mí, las segundas, captadas por mí. Este no va a ser una excepción. La foto de portada es el aula de Antonio Machado en el Instituto de Educación Secundaria Santísima Trinidad de Baeza (Jaén). La canción es un homenaje a un profesor que me hubiera gustado tener: José Antonio Labordeta.

PS. Queda por aclarar el nombre de este blog: No sonrías hasta diciembre

Ese fue el consejo que me dio mi primer jefe de estudios.  Era el año 1985 y yo comenzaba a trabajar en los Salesianos de Vigo (Pontevedra). Aquel jefe de estudios, Ángel (no recuerdo sus apellidos), era una persona bastante severa, austera, adusta Nada que ver conmigo. Ni entonces, ni ahora. Sin embargo, muy pronto me di cuenta de que la realidad era muy distinta. Ángel representaba un papel. El que le había tocado en el reparto de personajes. Cuando por una tristísima circunstancia (que algún día contaré) pude tener un contacto más cercano con él, conocí a otro ser humano, tierno, amable, cariñoso.. ¡Y harto de ser jefe de estudios! Por otro lado, muchos años después, me he visto dando el mismo consejo a mis compañeros menos experimentados: No sonrías hasta diciembre. Después, todo llegará.

© J. Ignacio Sendón. Alicante, 15 de junio de 2020